Esa pequeña espinita
Todos hemos tenido un gran algo (puede ser una gran amor, un amor platónico, lo que parecía que iba a ser un rollete y luego fue a más…). Ese gran amor – llamémosle gran amor para no emplear una palabra tan vana como ‘gran algo’- no tiene porqué aparecer cuando menos lo esperamos. No cumple ninguna de las reglas escritas sobre el amor, la conducta del ser humano, lo predecible y lo indecible.
Generalmente, estos grandes amores no tienen por qué ser tales, pero son una espinita que se nos queda clavada en el corazón. Convivimos con ella, sólo a veces nos acordamos de que la llevamos a cuestas, de que va con nosotros a todos lados y, cuando nos acordamos de que está allí nos preguntamos: ¿Cómo serían ahora las cosas si…? Y nos hacemos esta pregunta porque estos grandes amores (salvo en el caso de los amores platónicos) sólo tienen una cosa en común: Un final inesperado, quiero decir que el final de estas relaciones no se debe a una falta de compenetración, comunicación o amor… Sencillamente os acabáis separando y claro… la cosa se queda sin zanjar.
Seamos claros: Yo, haciendo acopio de toda mi lógica y mi capacidad de raciocinio soy consciente de que en la mayor parte de los casos esas relaciones no pueden tener ningún futuro; pero qué quereis que os diga… es que con ese final… siempre queda la dudita…
Llevo unas cuantas semanas en las que parece ser que todo el mundo se encuenta a esa pequeña espinita, porque a fin de cuentas, todos lo que hemos tenido, tenemos y/o tendremos una espinita clavada sabemos que el cara a cara con esa persona es el único de los remedios para hacerla desaparecer de nuestro corazón.

Sí, sí… Aunque no estoy tan segura de que sea el único remedio, sí creo que puede ayudar pero en su momento.
Ahora mismo, yo me cago por la pata pa’bajo con el cara a cara.
El amor es simplemente el silencio, no preguntes, no cuestiones, él es el que te habla y no espera a que le respondas…”duele cuando se calla”…ese es el amor.