Hablemos de…
Hablemos de “C” y de cómo se trata a una auténtica princesa porque es así como él me trataba y nunca jamás nadie había conseguido hacerme sentir tan especial. Hablemos de todo el tiempo que me dedicaba, de lo pendiente que estaba de mí, de cuánto nos veíamos, de cuánto me abrazaba y me besaba, de cuánto me decía “Te quiero”. Es la primera persona a la que recuerdo haber dicho esa frase, si no me equivoco puede que incluso la última.
Eso es lo que él consiguió, eso es lo que me aportó. Sentimientos. Ganas de transmitir algo, de acercarme a la gente, de dar un paso más para hacerme conocer.
Pero también es cierto que “C” se hundía en su propia tristeza (inventada). Los últimos meses con él los dediqué a su depresión (continua y más que inventada). Dejando que estuviese a punto de arrastrarme hacia ella en el peor momento del mundo, cuando yo me estaba ahogando en la angustia y la pena de los demás. Le dije adiós.
Hablemos de “P”. Lo cierto es que no sé que decir de “P”… Con “P” acabé liándome por comparación y porque tenía ganas de volver a sentir algo por alguien ¡Qué gran error! De él aprendí a saber cuándo ser una interesada. Él lo fue conmigo y un año después yo se la devolví; cierto es que no lo hice a propósito pero así fue. Pero bueno, algo positivo saqué y ese algo fue descubrir que me encanta jugar a lo hora de ligar… y que se me da muy bien. Tal vez fuese eso lo que me atrajo, el tonteo en aquel garito, como hablaba de lo mucho que le gustaba la cocina que había degustado en una ciudad del sur de Francia , la sorpresa de descubrir que sabía bailar y… ¡su gran truco final! Enseñarme un paso de baile que acaba con los dos absolutamente pegados frente a frente. Que diga lo que quiera pero ese plan estaba perfectamente trazado. Me dijo adiós.
Hablemos de “A”… Bueno, esta fue la historia con menos sentido de mi vida y también es cierto que nunca he corrido detrás de nadie como lo hice con él. Un año entero corriendo detrás suya para intentar alcanzarle y ¿todo esto por qué? Porque cuando estaba con “A” todo era muy sencillo: teníamos un sentido del humor similar, coqueteábamos el uno con el otro de la misma manera, éramos igual de ácidos y además, en lo que a besos se refiere, es la persona con la que mejor me he acoplado.
Una vez, la tercera vez que nos vimos si no recuerdo mal, estando a las puertas del local en el que se celebraba una fiesta, estábamos hablando de absolutas chorradas cuando me dijo una frase que a ambos se nos clavó en el pecho e irremediablemente nos besamos. Cuando comenzamos a besarnos a nuestro alrededor estaban sus colegas y los míos (unas treinta personas en total), cuando dejamos de besarnos nos habíamos quedado solos. No teníamos ni idea de cuanto tiempo había pasado y tampoco no nos dimos cuenta de que la gente se había marchado. Era la primera vez que perdía la noción del espacio y del tiempo besando a alguien. Esta fue la raíz de mi fijación por él.
Como ya he dicho, estuve detrás de él un año entero y no conseguí nada de más que no tuviese el primer día. Las suyas eran llamadas de fin de semana para pasar el rato, así que tuve que aprender a quererme. Le dije adiós. Se enfadó bastante.
Hablemos de “F”, del que sólo puedo decir que tenía absolutamente todo lo que yo podría desear en un hombre: era muy divertido, con un sentido del humor muy especial, tenía casi la NECESIDAD de saber de mí todos los días aunque sólo fuese a través de una llamada de 3 minutos, era de lo más cariñoso y, cuando teníamos que hablar de asuntos serios le costaba muchísimo y balbuceaba como un bebé (más mono…). Como he dicho lo tenía todo, salvo una cosa: No sabía escuchar y eso es algo que ni me podía ni me puedo permitir. De todos modos diré que yo tampoco se lo puse nada fácil, no hice más que confundirle. Nos dijimos adiós.
Hablemos de “J” o al menos intentémoslo, para eso tendría que dejar unas cuantas líneas en blanco.
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No sé siquiera si nos hemos dicho “Hola”alguna vez.

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