Teresa

Se llama Teresa. Teresa llegó desde Paraguay a Madrid hace unos seis meses buscando un trabajo con el que poder pagar el costoso tratamiento para su niña de cinco años que ahora se encuentra con la abuela en su país, tan lejos de ella.
Cuando llegó, se alojó en casa de su hermana y ésta le ayudó a encontrar un trabajo pero el sueldo de que ganaba, al tratarse de una inmigrante sin papeles, era tan bajo que no le alcanzaba para poder pagar parte del alquiler y enviar lo suficiente a Paraguay. Decidió probar suerte en Barcelona.

Allí tuvo que alojarse en una casa habitada por más de quince personas, compartiendo habitación con cinco chicas más por noventa euros semanales. Trabajaba allí de camarera en un restaurante por 900 euros al mes hasta hace cuatro días.

Hace cuatro días un cliente del restaurante se acercó y le ofreció un trabajo en Bilbao como camarera en un restaurante por 1600 euros mensuales, con alojamiento incluido. Era una oferta que no podía rechazar, así que informó a su hermana de sus planes, se despidió amablemente del trabajo que tenía en ese momento, recogió sus pertenencias y ayer por la mañana tomó un autobús que le llevó a Bilbao.

Cuántas ilusiones, cuántas ganas de trabajar y de ahorrar para poder ayudar a su hija…

Al entrar por la puerta del nuevo restaurante descubrió que aquello no era lo que ella pensaba. En el local todo eran camareras de origen brasileño y, al acercarse a la barra para presentarse, la dueña del local le dice que para trabajar allí tendrá que comenzar por ponerse “una falda bien corta”.

Teresa entiende todo lo que hay a su alrededor, sabe en qué lugar se ha metido y tras un leve mareo, las primeras lágrimas y los primeros reproches a sí misma, se acerca a la dueña y al resto de empleadas y les dice que ella no quiere trabajar en ese lugar. Salvo la propietaria, todas la insultan, le preguntan si acaso cree que va a encontrar algo mejor por ahí. Teresa no responde. Tal vez sea cierto, tal vez no encuentre un trabajo en el que cobre más teniendo en cuenta su situación, pero no quiere esa vida para ella. Con gran sensación de vergüenza, llorando, sintiéndose una estúpida sale de allí, coge el móvil y llama a su hermana para contarle lo sucedido quien le dice que coja un autobús y vuelva a Madrid de inmediato.

Esta noche me he encontrado a Teresa en el autobús de vuelta a Madrid. Ella estaba sentada a mi lado. Esta historia me la ha contado ella y, una vez en Madrid, antes de acompañarla hasta el andén del metro, sólo he podido decirle lo siguiente:

“Mira Teresa, de todo esto se aprende. Hoy te habrán engañado pero mañana no lo conseguirán, mañana serás más fuerte. Ten en cuenta que todo podría haber sido mucho peor, podría haberse dado el caso de que una vez allí no hubieses tenido la oportunidad de elegir si quedarte o marcharte; pero la tuviste y decidiste que no querías esa vida para ti, decidiste que ganarías el dinero que necesitas mediante otros medios. Piensa que tú has dicho no, otras muchas dijeron que sí, aquellas que se quedaron en ese bar burlándose de ti dijeron ‘sí’. Tú has decidido no hacer hoy aquello de lo que te puedas arrepentir mañana. Pero te digo que es muy probable que lleguen tiempos muy duros, es casi inevitable, y en ese momento deberás recordar días como hoy, días en que decidiste ser esta Teresa, ser más fuerte que tu necesidad, buscar otra vía, seguir estando orgullosa de quien eres y caminar con la cabeza bien alta”.

20/09/2007

~ por elniveldevidakhala en Enero 2, 2008.

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