Tres categorías
Voy a clasificar a los hombres en tres categorías: los que te invitan a tomar un café, los que te invitan a tomar una cerveza y los que te invitan a tomar una copa… No creo que haga falta matizar pero voy a hacerlo.
Cuando un hombre te invita a tomar un café, sonríe, quiere conocerte. No le apetece entrar en el juego de las máscaras, de las apariencias, sólo quiere sentarse frente a tí, mirarte, descubrirte y mostrarse. No se puede asegurar que estés ante una buena persona, pero en el momento de la invitación las intenciones son sinceramente buenas.
El que te invita a tomar una cerveza, por regla general, es lo que se dice un cachondo mental. Seguramente le hayas parecido divertida durante vuestro anterior encuentro y le apetece repetir (de aquí al café hay poco). También es cierto que esta es la invitación más estándar del mundo (incluso por delante del café que está en desuso); sin embargo marca una clara diferencia la expresión corporal: ¿Mira al suelo? Estándar. ¿Te mira a los ojos? Cachondo. ¿Sonríe? Cachondo. ¿Balbucea? Estándar…etc.
Y bueno, aquí llega la temida invitación a tomar una copa o ‘algo’… Esta invitación podríamos entenderla como un: “Mira, quiero llevarte al huerto y no me apetece gastarme el suficiente dinero como para llevarte de cena y emborrarcharte a base de Lambrusco, que tanto tú como yo sabemos que sube rápido, así que he pensado en ir a ese garito en el que te van a dar garrafón del bueno y con un poco de suerte en dos o tres copas te tengo en el asiento trasero de mi coche” (así de largo y sin tomar aire entre medias). Que… romántico, ¿verdad? Lo que tiene de atractivo está proposición es que en todo momento él se va a esmerar en que le veas como un tipo de lo más atractivo, gracioso, atento, en resumen… irreal. Y, claro, tú te tomas una única copa, te tomas tu tiempo en hacerlo (cuánto más mejor, que así no se te sube en absoluto y si quieres te puedes tomar un par más sin perder la compostura). De este modo tú pasas una noche increíble (no nos engañemos, estas citas no se dan a la luz del día) y el ‘pequeño-gran-tacaño’ acabará en su casa suponiendo que eres una estrecha porque su plan no tenía tara alguna…
Para qué voy a mentir, por lo general prefiero al tercero, no por quien sea sino por quién soy cuando estoy con él, ya que cuando estoy con este tipo de individuo aparece en mí una persona más despierta, más atrevida, más juguetona, más divertida… una auténtica khala.
8/02/2007

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