Un clavo saca otro clavo
Es Domingo, son las seis de la tarde y ahí estoy yo, en el sofá de mi casa, en pijama, viendo “Cuando Harry encontró a Sally” con una bolsa enorme de nubes de golosina… Bien, por un momento salgo de mi cuerpo, me veo desde fuera y sé que resulto tan patética… Comienzo a llorar…
Hago un repaso de mi historial sentimental de los últimos seis meses y me doy cuenta de que he cumplido uno de mis propósitos de año nuevo: nunca había sido tan largo, sin embargo también debo decir que nunca había sido tan triste…
No voy a pararme a comentar todos ellos, pero sí voy a hacer mención a los dos últimos.
Del primero debo decir que… bueno, estaba claro que eso no iba a ningún lado… pero me ilusioné dándole una oportunidad, me ilusioné pensando que de alguna manera le estaba convirtiendo en alguien especial… y lo hice: le convertí en aquella persona que me hizo especialmente daño. Reconozco que en las relaciones personales no acostumbro a dejar que nadie entre en mi pequeño universo, en resumen para evitar ser herida. Pero esta vez hice una excepción y nadie se puede imaginar cuánto me arrepentí. Ni siquiera le llegué a contar a mi mejor amiga lo mal que lo estaba pasando.
Tras un par de meses lloriqueando en silencio decidí una noche aplicarme la premisa “Un clavo saca otro clavo”.
Bien, la persona que nos obsequió con esta maravillosa frase debía ser ferretero y todo esto era una estrategia de marketing para aumentar el número de ventas de clavos.
A mí me ha salido mal, muy mal… y digo me ha salido porque acabo de ser testigo del absurdo final… Lo contaré en otro momento.
26/06/2006

Uno deberia ser como un computador, cuando quieras borrar a alguien o te borren solamente hacer clilk en eliminar y caso resuelto, pero los malditos recuerdos nos impiden ser felices, y ese famoso segundo clavo no funcion si el amor que habita en tu corazon es sincero, lo unico que hace es dañarnos mas o herir a la nueva “ilusion”.
Tanto el amor como el desamor son sentimientos que nos hacen vulnerables, nos hacen crecer, nos hacen vivir, en definitiva, nos hacen humanos. Sólo es necesario dejar pasar el tiempo para poder tener una cierta perspectiva de las circunstancias, alimentarnos de nuestras vivencias e incorporarlas al saco de experiencias que llevamos a cuestas.