El nivel de vida khala
Para aquél que alguna vez se lo haya preguntado, Khala es el nombre que le pondría a mi pantera, en caso de llegar a tener una. Esta pantera sería negra de profundos ojos azules, ojos que en la oscuridad pueden llenar de luz los rincones mas olvidados de la habitación en que os encontráis ella y tú. Khala ES juguetona, cariñosa, arriesgada, apenas tiene miedo a sus límites; límite (…), no conoce el significado de esa palabra. Ella es como es, le gusta SU gente y a ellos les gusta Khala.
Yo a veces quiero ser Khala, quiero sentirme libre, quiero no depender ni de los sentimientos ni de las experiencias de los demás. A veces quiero tener otra vida, a veces, otras ni eso. Mi vida se basa en la de los demás y, aunque reconozco que podría vivir así, debo decir que empieza a resultar realmente agotador, sobretodo ahora que soy tan consciente de ello.
La consciencia y el subconsciente… Recuerdo que de pequeña recogí una de esas hojas en las que te pedían que dibujases un árbol, pusieses tus datos y lo entregases, entrando así en el sorteo de un/a maravilloso/a y estupendo/a lo que sea. Bien, a la pequeña ‘yo’ no se le ocurrió otra cosa más que dibujar su gran descubrimiento del día anterior: en un programa de televisión del tipo “Art Attack” aprendió a dibujar árboles secos y, pensando que sería la más chula de la clase, borró con tippex su árbol de Navidad para cambiarlo por el árbol mustio (en que hora se me ocurrió cambiarlo…). A los tres días tenía en la puerta de mi casa a una psicóloga contándole a mi madre todos los traumas infantiles que tenía y que por lo visto se deducían de mi maravilloso árbol.
A lo que voy. Todo esto forma parte de uno de los juegos más tenebrosos que creo que existen, el juego del subconsciente. Es algo parecido al juego del escondite, a ti te toca buscar y él se esconde. La cuestión de este juego es que es muy difícil ganar; pero ayer gané yo, me lo encontré cara a cara y (ya que no ocurre muy a menudo) aproveché para tomar un café con él. Estuvimos charlando un par de horas y me ha dado un par de consejos para alcanzar lo que he decidido llamar “El nivel de vida Khala”.

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