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Hace unos días vi en el muro de facebook de un amigo una entrada acerca de Veove.

 

Venga va:

- Pero Nelly, ¿qué es Veove?

- Bien, os lo explicaré. Pongámonos en situación:

A y B no se conocen de nada.

La persona A se encuentra en el lugar X haciendo M.

La persona B llega al lugar X para hacer M o N (o P o Q o R…)

La persona A se fija en la persona B.

La persona B se fija (o no) en la persona A.

Ya sea por prisas, miedo o por falta de tiempo la persona A o la persona B abandonan el lugar X.

La persona A no deja de pensar en B y decide acudir a Veove para crear una ‘escena’  haciendo un dibujo de si mismo/a, otro dibujo de la persona B, indicar el lugar M, la fecha en la que se dió el encuentro y dar detalles sobre ese momento.

La persona A comparte dicho link en distintas redes sociales y, gracias a la teoría de los seis grados de separación, consigue localizar a B…

 

Qué bonito, ¿verdad?

Bien, ahora vayamos a Veove y descubramos cual es el fallo de todo este asunto.. Como no, el problema es el factor humano porque hay escenas como esta o esta otra que están bastante bien montadas y con detallitos que pueden hacerte sentir identificado si eres esa persona, pero hay escenas, como esta otra, que hacen que me entren ganas de contactar con la persona en cuestión, darle un par de coscorrones y decirle “Holaaa! Hay alguien en casa? Piensa McFly, piensa!  Así no te vas a comer una rosca en tu vida”

Perturbador

Es perturbador escuchar historias con las que en algo te sientes identificada.

Es perturbador pensar en ciertas cosas que antes me escandalizaban y que ahora sencillamente miro con comprensión y tolerancia.

Es perturbador saber lo que tienes que hacer y no hacerlo.

Es perturbador descubrir ciertos hábitos que creí haber dejado atrás.

Es perturbador tomar decisiones que tal vez sólo te beneficien a ti.

Es perturbador recibir lecciones de vida de películas americanas.

Es perturbador pensar en que tal vez todo lo que necesito en este momento se encuentre a la mísera distancia de un click…

Sencillamente perturbador.

No sé porqué se les llama “Novelas eróticas” deberían llamarse “Lectura pornográfica sin imágenes de por medio en la que rebajamos el nivel de vulgaridad hasta un punto en el que comentar abiertamente con tus amigas que has leído este libro no te resulte vergonzoso”.

Yo no he leído nunca una novela erótica. Una vez lo intenté pero no puedo ser. Me explico:

Nelly salió un día soleado de su casa hacia el centro de Madrid donde había quedado (si no recuerdo mal) con sus amigas Belén y Geno. Tras un breve paseo decidieron meterse en la Casa del Libro situada en Gran Vía donde, una vez dentro, Nelly se dió cuenta de que llevaba un tiempo releyendo libros tanto de su propia estantería como de estanterías ajenas, así que decidió que ese era tan buen momento como cualquier otro para comprarse uno.

Mientras las demás se perdían por los pasillos de la líbrería en búsqueda de su pequeña gran joya literaria, ella que no soporta buscar y rebuscar en las tiendas, se centró en los cajoncitos de la entrada.

Tras un par de minutos repasando portadas y contraportadas de libros de 600 páginas, de libros finísimos, de libros infantiles, de libros épicos, de libros sobre poesía dedicada a caminos y caminantes… cayó en sus manos un libro. Ese libro. Ya sólo el título era perturbador “Perversiones de un ángel”. La contraportada prometía… situaciones cargadas de erotismo y ella nunca había leído una novela erótica. Lo cierto es que no lo dudó ni un momento y se llevó la joyita erótica a casa.

Tardó bastante en empezarlo, algo más de 5 días.

El día en que se decidió a leerlo se tomó su tiempo y sobretodo su espacio. Se encerró en su habitación asegurándose de que en el resto de la casa no había nadie… Solos ella y “Perversiones de un ángel”, su novela, su primera novela erótica…

Bien, no voy a dar detalles sobre el libro, si alguien lo quiere leer se lo puedo prestar pero vamos, aquello no era literatura erótica, era pura pornografía sin viñetas; sin argumento y sin fundamento. Un libro en el que se folla porque sí y en el que las violaciones… pues como que no lo son tanto. No hace falta que os cuente más sobre el porno, todos sabemos como va (Sí, todos lo sabemos) pero he de decir que finalmente acabé de leer el libro… dos meses después.

Vamos a ver, a mí no me importa leer o ver porno si es lo que busco pero lo que no soporto es que me engañen de esa manera, es como ir a cenar a un restaurante, pedir pechuga de pollo y que te traigan un plato con, efectivamente, pechuga de pollo, pero además tenga patatas, albóndigas, gambas, croquetas, palitos de cangrejo, costillas, coliflor, panceta, queso y de colofón sirope de fresa… Que sí, que todo eso te puede gustar, pero así y de esa forma no.

Otra vez

Una vez más me encuentro frente a la tele viendo ‘Algo para recordar‘. Cada vez que veo esta peli me entran unas ganas horribles de llorar… Siempre es por un motivo distinto, o tal vez, en esta ocasión en realidad se debe a que es la suma de los distintos motivos de las situaciones anteriores. Me explico:

- Estoy en un momento de mi vida en el que me planteo cosas (otra vez).

- Me obsesiono con cosas y personas (otra vez).

- Me fijo objetivos (otra vez).

- Descubro mis inquietudes (otra vez).

- Defino relaciones (otra vez).

En resumen, he tenido que dar dos pasos para atrás, mirar la composición que conforma el cuadro que es mi vida y me estoy dedicando a darle retoques y pinceladas.

Empiezo a creer que me encanta esta peli…

Necesito aire fresco; tanto olor a pintura me está ahogando.

Esa es mi madre

(Llamando por teléfono desde la otra punta del mundo)

- Hola, ¿estás bien?

- Sí mamá, estoy bien.

- Vale. Hasta luego – Cuelga

Y señoras y señores… ésa es mi madre.

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