Esa pequeña espinita

•Junio 14, 2009 • 2 comentarios

Todos hemos tenido un gran algo (puede ser una gran amor, un amor platónico, lo que parecía que iba a ser un rollete y luego fue a más…). Ese gran amor – llamémosle gran amor para no emplear una palabra tan vana como ‘gran algo’- no tiene porqué aparecer cuando menos lo esperamos. No cumple ninguna de las reglas escritas sobre el amor, la conducta del ser humano, lo predecible y lo indecible.

Generalmente, estos grandes amores no tienen por qué ser tales, pero son una espinita que se nos queda clavada en el corazón. Convivimos con ella, sólo a veces nos acordamos de que la llevamos a cuestas, de que va con nosotros a todos lados y, cuando nos acordamos de que está allí nos preguntamos: ¿Cómo serían ahora las cosas si…? Y nos hacemos esta pregunta porque estos grandes amores (salvo en el caso de los amores platónicos) sólo tienen una cosa en común: Un final inesperado, quiero decir que el final de estas relaciones no se debe a una falta de compenetración, comunicación o amor… Sencillamente os acabáis separando y claro… la cosa se queda sin zanjar.

Seamos claros: Yo, haciendo acopio de toda mi lógica y mi capacidad de raciocinio soy consciente de que en la mayor parte de los casos esas relaciones no pueden tener ningún futuro; pero qué quereis que os diga… es que con ese final… siempre queda la dudita…

Llevo unas cuantas semanas en las que parece ser que todo el mundo se encuenta a esa pequeña espinita, porque a fin de cuentas, todos lo que hemos tenido, tenemos y/o tendremos una espinita clavada sabemos que el cara a cara con esa persona es el único de los remedios para hacerla desaparecer de nuestro corazón.

A veces…

•Mayo 18, 2009 • 2 comentarios

A veces me pregunto si lo que estoy haciendo es lo correcto, si los caminos que estoy tomando en esta vida me llevarán hacia la felicidad constante y dificilmente perturbable.

A veces me pregunto si yo sería capaz de dejarlo todo si la vida me tendiese la mano hacia otro destino radicalmente distinto al que estoy pisando en estos momentos.

A veces me entra miedo sólo por moverme y otras por estar quieta.

A veces me siento como en una especie de prisión, encerrada dentro de mí, a presión, en una pelota de goma que día a día se va haciendo más y más pequeña… y encerrada junto con tantas cosas, con tantas intenciones, con tantas emociones…

A veces el tiempo parece detenerse y otras corre tan rápido que no le alcanzo.

Sólo a veces.

It’s in his kiss

•Mayo 17, 2009 • Dejar un comentario

Betty Everett- It\’s in his kiss

Yo desde luego, lo tengo claro. Lo mismo sólo me ocurre a mí…
Lo cierto es que nunca puedo estar segura de cuánto me gusta un chico hasta que le beso, por eso… por eso me apresuro tanto.
Me explico:

Yo quedo con alguien que me gusta o coincido con él… él me cuenta algo de su vida o sencillamente trata de hacerse el gracioso porque ha visto en Friends y otras tantas series y películas que a las chicas nos gustan los chicos que nos hacen reir, pero claro, él no sabe que aquí la que hace reir soy yo (porque para aquellos que me conozcan -no de forma íntima- pensarán que soy una rancia y una borde las 24 horas del día… pero no!). A mi cuando un chico me gusta me pongo en modo “Gracioso-tonto” y para qué mentir, me encanta. Creo que es uno de mis ‘goals’; quiero decir que eso les sorprende muchísimo… Bueno, me estoy yendo del tema.

Cuando un chico me llama la atención (y repito que no porque sea especialmente gracioso… puede que algún día explique qué es lo que hace que un chico me llame la atención… No, eso ya sería revelar demasiado), como iba diciendo… ¬¬ Cuando un chico me llama la atención, me atrae, yo le atraigo, y todas esas cositas que como ya estamos mayorcicos no hace falta que explique, busco, genero la ocasión adecuada para besarle.

El primer beso no es al 100% para disfrutarlo, es un beso de análisis: ¿Cómo besa? ¿Donde tiene las manos? ¿Las sube… o las baja…? ¿Tendrá los ojos abiertos…? ¿y su lengua? ¿Está rígida su lengua? ¿Muerde? ¿Succiona? ¿Qué? ¿Qué? ¿QUÉ? En definitiva, el beso lo disfruto al 45% más o menos, pero ese beso, ese primer beso me dice mucho más que mil citas.

Yes we can

•Enero 24, 2009 • 2 comentarios

“Tú a quién quieres más, ¿a Barack Obama o a mí…? Aunque no hace falta que respondas, estoy segura de que a Obama…”.

[...]

Estamos en el sofá de mi casa viendo la televisión. Él se dedica a buscar por todos los canales algo de información acerca de Obama y yo mientras tanto no hago más que llamarle ‘Obamamaníaco’…

Cuando se fué de vacaciones a Guinea Ecuatorial le regalé el libro “La audacia de la esperanza” porque sabía que le iba a gustar, sólo por eso. En ningún momento pensé en todo lo que aquél libro traería consigo.

Cuando llegó a Guinea, con su librito colgado del brazo, pasó a ser el tío más popular del país. Todo el mundo quería acercarse a él, comentar sobre el libro, leer algunas líneas… Si entraba en un bar con el libro, al instante cuatro hombres se lo habían quitado de las manos (cuando en Guinea te quitan algo de las manos y con cara de “Joder, ahora me toca a mi tenerlo en las manos porque hace mil años que no nos lo traes… ¿qué pasa?, ¿lo querías para ti solo gilipollas?”… tienes que entenderlo como un “Disculpe señor, podría hacerme el favor de dejarme ojear ese maravilloso ejemplar del libro de Barack H. Obama unos minutos?”. Y punto.

Todo el mundo hablaba de Obama… que si está claro que va a ganar… que si tiene más presencia de presidente… que si estaba casi hecho… Todo el mundo hablaba de Obama y todo el mundo veía en Obama un auténtico halo de esperanza hasta el punto de que al leer unas breves líneas de dicho libro  encontraban algún tipo de semejanza entre él/ella y el senador.

(Sobra decir que el libro se acabó quedando en Guinea…)

Aquella madrugrada me despertó diciéndome:

- Cariño, levanta. Es la hora.

- Mmmm… mmmm… es la hora de seguir durmiendo… – murmuro.

- Levanta… nos hemos quedado dormidos, ya son más de las 5 de la mañana, ¡¡A estas horas seguro que ya es presidente!!

Lo que ocurrió después lo recuerdo de forma difusa: lágrimas, algún gritito, taquicardias, gente coreando la consigna más repetida en los últimos meses…

Curiosamente, con lo que me quedo de toda esta circunstancia es con lo que ocurrió la tarde siguiente al ir a hacer la compra:

Necesitábamos comprar un par de cosas para preparar un plato típico guineano, así que fuimos al supermercado nigeriano en el que comprar aquello que necesitábamos. Al pasar por caja el dueño que es quien atendía en ese momento nos indicó la cantidad que debíamos abonar y como despedida nos dijo:

- Gracias y… felicidades.

- Felicidades… ¿Y eso?

- Felicidades porque con Obama ganamos todos.

Una vez leí (sí, en la SuperPop)

•Noviembre 2, 2008 • 5 comentarios

Y mientras yo estoy dedicándome algo de tiempo, él decide incorporarse al juego. Es algo muy sútil, tanto que en un primer momento no sé donde se encuentran sus manos. De todos modos prefiero no prestarle atención que si me desconcentro esto se queda en agua de borrajas y no llego a ninguna parte…

Pero de repente lo siento, sé donde están sus dedos y me olvido de todo aquello en lo que pienso normalmente para tratar de evadirme y centrarme en mi propio placer. Es increíble, apenas está haciendo nada, sólo está ahí… casi parecen caricias de indiferencia…

Para, se incorpora y trata de coger un preservativo. Me incorporo y le miró frunciendo el ceño y la boca. Se detiene en seco y me mira con sorpresa, como si le estuviese apuntando con una pistola.

- ¿Qué haces? – le digo le digo con cierto retintín.

- Pueeeesss… coger un preservativo ¿no?

- Ahm – Definitivamente no se ha enterado de que lo poco que estaba haciendo era un mundo.

Parece que va a abrirlo.

- Es que…

- ¿Es que qué?

- Pues nada… que con lo que estabas… ibas muy bien.

- Ah ¿sí? Vaya perdona… (Sonríe) Túmbate y nos centramos en ti.

(Sonrío)

[...]

Una vez leí (sí, en la SuperPop) que se distinguían hasta siete tipos de orgasmos… Yo hasta ayer sólo conocía uno.